Mujeres que imprimen su legado desde la Nueva España.

Publicado: junio 2, 2010 en Uncategorized

Gregorio Velazquez Bracamontes

Es necesario tener una referencia de la situación social de la mujer durante la época colonial para tratar el tema del papel que desarrolló la mujer en la dirección de las Imprenta en lo que se conocía como Nueva España.

Este territorio estaba organizado bajo una fuerte jerarquía vertical, pero a diferencia de España existía la posibilidad de movilidad social. Esta flexibilidad se asoció, entre otras cosas, al tipo de relaciones familiares que se desarrollaron desde el establecimiento colonial, por los vínculos entre europeos y nativos que dio como resultado la creciente población criolla.

Dentro de este marco social había dos imágenes contrastadas sobre la mujer: la que habitaba dedicada a las labores domésticas o religiosas, y la que con cierta independencia podía manejar sus propios asuntos.

Estas dos imágenes también se relacionaban en un marco legal y civil: la dependencia y la independencia. En el primer caso la mujer dependía del padre, del marido (en calidad de esposa) o de la iglesia (como monja); en el segundo, la mujer era independiente por soltería, separación legal (en los casos comprobados de maltrato o vicio del cónyuge varón) o viudez.

Asimismo, existía el caso de mujeres casadas que gestionaban la autonomía en el manejo de sus bienes, con el consentimiento del marido.

Al tratar a los principales impresores novohispanos de los siglos XVI y XVII se encuentra que a partir de uniones matrimoniales y por parentesco, al encontrarse imposibilitados los dueños varones de los talleres pasaron a manos de esposas, hijas o hermanas.

Así desde la llegada de la primera imprenta a la Nueva España, en el año de 1539 por encomienda de Juan Cromberger a Juan Pablos, se encuentran huellas históricas en las que está plasmada la participación de las mujeres de los impresores.

El 8 de septiembre de 1540 a la muerte del dueño del taller en Nueva España, Juan Cromberger. En esa oportunidad su viuda, Brígida Maldonado, y los demás herederos del impresor sevillano pretendieron continuar con el privilegio que le había concedido Carlos V de imprimir y vender libros.

Sin embargo esto parece no haber prosperado dado que, luego de una irregular labor durante los años siguientes a la muerte de Cromberger, desde 1548 los libros salen con pie de imprenta de Juan Pablos.

Juan Pablos trabajó de 1539 y 1560 hasta su muerte y Jerónima Gutiérrez, haciendo valer el testamento que la encargaba de los hijos, la hacía tenedora de los bienes y de la imprenta. En el año de 1561 se casó con una de las hijas de este mercader, Pedro Ocharte, quien se vendría a convertir en el tercer impresor mexicano en la Nueva España.

Jerónima Gutiérrez fue la encargada de alquilar el taller a Ocharte. Este último se quedó con la imprenta en el año de 1562 cuando María de Figueroa, su mujer, murió. Pero como resultado de esa unión, Alexandre Stols manifiesta la posibilidad de que María de Figueroa actuara de gerente del taller.

Tras la muerte de María de Figueroa, Pedro Ocharte se casa con María de Sansoric o Sansores, quien participará activamente en las labores editoriales. En 1572 Pedro Ocharte y Juan Ortiz fueron encarcelados debido a un proceso inquisitorial. Por esta razón, su mujer y su cuñado Diego Sansores trataron de continuar con la imprenta, al parecer sin mucho éxito.

A la muerte de Ocharte, en 1592, María de Sansoric se hace cargo del taller, imprime hasta dos años más tarde, y en 1597 traslada su taller al Colegio de Tlatelolco, donde trabaja en colaboración con Cornelio Adrián César, quien acompañó a varias viudas en diferentes talleres. En ese mismo año la imprenta de Ocharte pasó a manos de su hijo Melchor, con quien colaboró su medio hermano Luis Ocharte y Figueroa.

Años posteriores, en el s. XVII, en la historia de México se encuentran otros nombres como el de Antonio de Espinosa (el segundo  impresor mexicano) y sus herederos, su hija María Espinosa que al casarse con Diego López Dávalos siguen el negocio.

Al igual que otros casos al morir López Dávalos, su viuda se hizo cargo de laimprenta. Al seguir la misma línea se encuentra a Diego Garrido, un mercader, quien inició su actividad en el año de 1620, y a su muerte su viuda continuó con el taller hasta 1628.

Según Roberto Moreno, el impresor de más amplia cultura del s. XVII, Enrico Martínez,  con su imprenta que nació en el año de 1599 dio origen a una línea de impresores que duraría bastante tiempo. A su muerte, su hijo Juan Ruiz, se hizo cargo del negocio y tiempo después heredaría Feliciana Ruiz, quien sólo la tuvo dos años hasta el año 1677.

Bernardo Calderón fue el primero de una larga lista de impresores emparentados que trabajaron más de ciento treinta años.  Él se dedicó a ese trabajo hasta su muerte, en 1640, y su viuda Paula de Benavides, continuó el trabajo y logró sacar adelante el negocio.

El hijo de ambos, Antonio Calderón, tomó y dirigió la imprenta pero falleció muy joven, y su madre siguió con la imprenta hasta 1684. Diego Calderón de Benavides y María de Benavides (mujer del impresor Juan de Ribera) se quedaron con el taller hasta final del siglo.

A pesar de algunas barreras que tenían las mujeres en los siglos XVI y XVII para sobresalir, se deja ver que para ellas en esa época como en la actual no encuentran obstáculos para salir adelante a falta de algún apoyo masculino.

Fuentes:

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